lunes, 12 de septiembre de 2011

gracias raymond carver

La hora de la tarde en la que los objetos parecen más cercanos, más tangibles, en la que ciertas cosas parecen posibles pero sólo por el hecho de que todo puede parecer sin ser. El reflejo del sol se escurre por el suelo y la penumbra va imponiéndose, dejando una sensación de sutil melancolía, de algo que falta, de algo que nunca estuvo. Hay pequeñas cosas que se pueden hacer a esa hora, para mitigar un poco la tristeza. Despintarse las uñas y pintarlas de otro color. Bañarse, arreglarse el pelo, ver televisión, escuchar música. Una vez hablé con un amigo sobre que hay que subirse a un micro cuando llega la tarde e ir a cualquier parte. Vivir solo es cuestión de entretenerse. Pero no se puede engañar a la tarde. Es como si fuera obligatorio tener que mirarla convertirse en noche, como si lo único legítimo y genuino que existiese para hacer fuera sentarse frente a la ventana y ver cómo se desvanece la luz. También se puede escribir lo que se siente, se puede pero en ese trayecto que parece tan corto desde la mente a los dedos que pulsan el teclado se pierde tanto que no se sabe cómo decir. Es en el estómago. En la garganta. Es necesitar menos gente y más compañía. Poder sentir que un abrazo vale lo que un abrazo se supone que tiene que valer. Las demostraciones de afecto son tan inútiles. Es necesario fundirse, carne con carne, fundirse en una sangrienta batalla de comprensión. Las palabras se deslizan por mis dedos y no sé si conectan bien una con otra, si la sintaxis es correcta, si hay faltas de ortografía. Pero no es importante. Necesitaba describir la sensación de necesitar. Carne con carne, me gustaría poder cortarme por la mitad y cortar a otra persona y coser las dos partes. A veces cuando hablo con mi mamá y nos miramos y entendemos es como si pasara algo así. Cuando ella me abraza es casi como esa comprensión que escribo que estoy necesitando. Pero ¿se puede lograr con un hombre, una mujer, una pareja? Parece imposible. Es la edad de la joda, de la diversión, del sexo, de las fiestas. Quisiera tener cuarenta años, o diez. Cuando tenía diez años creía que existía alguien perfecto para cada persona, y que la gente se casaba a los dieciséis. Quiero sentir lo mismo ahora que tengo veinticinco. Quiero casarme a los dieciséis. Hubo una vez en la que creo que me encontré a mí misma. Estaba en la playa y tenía quince años, era la noche de año nuevo y habíamos ido con toda la familia a hacer un fogón. En un momento me alejé del grupo y me acosté en la arena fría, en el medio de unas plantas. Hacía muchísimo frío y sólo se escuchaba el rumor del mar y se percibía el brillo de las estrellas en la superficie del agua. Todo era superficie, arena, agua, cielo. Creo que en ese momento estaba exactamente donde quería estar. Hace muchísimo que no estoy donde quisiera estar, pero esa noche, esos primeros minutos del año 1999 yo estaba justo ahí. Estaba exactamente
                                                                              Donde quería
                                                                                                              Estar.

1 comentario:

  1. Es como leer algo de otra persona que uno piensa que es propio, que nadie mas cree, o es el segundo que pensamos que nuestra forma de ser esta marcada x nuestra forma de pensar, en siertos momentos de la vida creemos que estamos solos y no.. hay muchos mirando a la luna al mismo tiempo..

    me gusto mucho :)

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