lunes, 12 de septiembre de 2011

esto lo escribí cuando me regalaron una planta por primera vez

una página en blanco representa un desafío. 17 años, un colchón finiiito finiiito, un micro que milagrosamente pasa cuando ya no debería pasar. Un chofer que pregunta, "'¿te echaron de la casa?", una respuesta que no sabe qué ser. Un departamento vacío y el colchón en la habitación, un par de frazadas. En el teléfono público llamo a la única persona con la que puedo hablar de esto, que me dice ' es un GRAN cambio. Nunca más vas a volver a esa casa'. Resulta ser una predicción acertada. Una vez leí o vi en una película o algo así que solo un grupo de personas constituyen un hogar, que sin ese grupo no existe el lugar-hogar. Que hay que formar una familia para que un lugar sea un hogar. Así durante varios años, unos mejores que otros, amigas que se convirtieron en familia. Mudanzas, bastantes, los mismos pósters de Arcimboldo, se perdió el que representa el invierno pero los otros tres han seguido, están manchados y rotos y una amiga me dijo que por qué no los arreglaba un poco. Me parece que me gustan así. Esa amiga me regaló un pececito imán para la heladera. Me gusta mucho. Otra me regaló un plato, una varios dibujos de ella, otra un vaso con un holograma de spiderman. De a poco el lugar se llena de cosas, pequeños muebles (es tan lindo, y que me tilden de materialista si quieren, comprar algo con la plata que uno ha ganado, un mueble, llegás a tu casa y lo ubicás y no podés dejar de mirarlo por un rato), se llena de fotos, un televisor de los '70 que anda perfecto, un colchón en el suelo más cómodo que ningún otro. Se llena de ruido, amigos, gente. Todavía no es un hogar. Sorpresivamente me regalan una planta; la planta lo cambia todo. La planta tiene un nombre bonito, pertenece a una familia que se llama suculenta o algo así, es de esas plantas cuyas hojas son gruesas porque adentro tienen mucha agua. Cada vez que llego a mi casa ahora siento que me espera la planta. La planta está viva, responde a estímulos, la riego demasiado porque la quiero cuidar mucho, a veces cuando el amor es demasiado grande no se puede suministrar, la cosa/persona amada no está preparada para recibir tanto. Sin embargo ahí sigue la planta, soy tan estúpida que le hablo. Nunca había tenido una planta porque no soy buena para ordenar ni limpiar cosas y nunca pensé que iba a poder cuidar de una planta o una mascota. Pero allí está. A veces la acaricio. Siento que el tiempo debería haberme endurecido, debería haber reforzado mi 'coraza' externa pero soy susceptible a la planta. Y me gusta, es ver un poco más allá de las personas. Todo esto suena muy pelotudo. He vivido muchas cosas y a la vez nada. Pero alguien que me conoce íntimamente y sabe que no soy buena para mantener un lugar limpio y ordenado me confió una planta. Es lo más cercano que he sentido a un hogar hace muchísimo tiempo. Thank you.

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